Samuel García: Fuera de control
En modo 'party', el Gobernador de Nuevo León regala cerveza y derrocha el erario apoyando a una selección extranjera
Mientras el Mundial de futbol avanza con juegos cardiacos y México se ilusiona —como siempre, hoy más que nunca—, Nuevo León adopta el cinismo como estrategia oficial de gobierno.
La fauna política del Estado sufre un declive intelectual y moral cada vez más preocupante. Viene de sexenios anteriores (cómo olvidar a Rodrigo Medina y al “Bronco”) y continúa hoy con un Gobernador que se esfuerza en ser el peor de la especie.
Diputados y funcionarios de medio pelo también producen lástima y vergüenza, sin menoscabo de su filiación partidista. Pero el trofeo de campeón lo ostenta Samuel García, Gobernador y líder del rebaño naranja en Nuevo León.
Atrapado en la burbuja del Partido Movimiento Ciudadano, rindiendo pleitesía a las redes sociales, borracho de likes, en los últimos días este hombre con tres doctorados en ciencias jurídicas ha perdido los miligramos que le quedaban de sensatez y decoro político.
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Ya no se trata de jugar vencidas con los mequetrefes del PRIAN y Morena en el montaje de falsa democracia que vive el Estado. Samuel García ha trascendido esas payasadas y ahora desea escalar a un poder de fantasía, un sueño en el cual se cumplen todos sus caprichos.
El Gobernador está fuera de control.
MODO ‘NARANJA’
El sorteo de los partidos del Mundial arrojó para Monterrey equipos de mínimo renombre y, como premio de consolación, un cuarto y último juego entre selecciones clasificadas a la segunda fase. Con suerte, quizás los Países Bajos vendrían como primer lugar de su grupo.
El día que la famosa Naranja Mecánica cumplió el pronóstico y se confirmó su presencia en nuestra ciudad, Samuel García perdió los cabales. Su delirio estalló no por la satisfacción de recibir a una potencia futbolística, sino por el color del uniforme holandés, el naranja del partido Movimiento Ciudadano.
Ya para entonces la conducta mundialista del personaje que ostenta el mayor cargo político de Nuevo León generaba muchísimos cuestionamientos.
Declararse en “modo party” e irse de fiesta sin recato ni pudor a los estadios de CDMX y Guadalajara, con la frivolidad natural de un influencer, quizás no debería escandalizarnos porque así se comporta casi a diario. Tampoco debería sorprender el racismo “oficial” evidente en el trato diferenciado a las selecciones asignadas a Monterrey (menos mal que nadie llamó “oaxaqueños” a los tunecinos o marroquíes).
Samuel García es como es y no va a cambiar.
Pero hay un problema. Bueno, dos: 1) como cualquier funcionario, el Gobernador está sujeto al escrutinio público y tiene la obligación de rendir cuentas; y 2) es un empleado, no el emperador, de los nuevoleoneses.
CORAZÓN HOLANDÉS
Si ya estábamos hartos de la propaganda y los despilfarros mundialistas de Samuel García, el desquiciamiento gubernamental reventó con la noticia de que la selección neerlandesa vendría a Monterrey.
El duelo entre un equipo de abolengo europeo y una potencia africana, Marruecos, despertó el interés de los aficionados. Para el Gobernador, sin embargo, resultó una epifanía color naranja.
El discreto racismo hacia Marruecos a través del desdén oficial ya lo dábamos por hecho, pero el cinismo de Samuel García al mostrar su “apoyo” al equipo europeo alcanzó niveles de locura e ignominia inéditos.
¿Oportunista? Bueno, todos los políticos lo son. Solo que el líder de Movimiento Ciudadano perdió la compostura por completo.
Samuel se subió al helicóptero Black Hawk, equipado con artillería militar, para viajar a la frontera y dar la bienvenida al primer autobús de aficionados holandeses que llegarían a Monterrey. Un despilfarro de $200 mil pesos o más —lo que sea que nos haya costado el chiste— con tal de generar “contenido” para sus redes.
También ordenó, como rayo, miles de playeras naranjas para regalar a la gente y así brindar un colorido apoyo a los Países Bajos. En Nuevo León, el dinero público se derrocha en honor a un equipo europeo, no en la Selección Mexicana (¡y menos en la de Marruecos!).
En las calles de la ciudad, trabajadores del Gobierno estatal colocaron banderines naranjas con el león de los Países Bajos en un lado, y en el otro, el león del nuevo Nuevo León.
El día del partido, los empleados del Gobierno del Estado abandonaron sus puestos de trabajo para participar en los contingentes de apoyo a la Naranja Mecánica; portando su camiseta de color anaranjado, claro.
Eso no es todo. Además de atribuirse —como vil dictadorzuelo— el derecho a decidir que Nuevo León apoya oficialmente a los Países Bajos, Samuel anunció cerveza gratis en las tres sedes del Fan Fest (Parque Fundidora, Parque del Agua y la Macroplaza).
Beber una cheve o dos difícilmente puede calificarse de pecado mortal, pero en este caso hay implicaciones negativas que derivan de la investidura del Gobernador, y de su falta de sensibilidad o inteligencia.
¿Acaso resulta muy difícil para un tiktoker entender que la promoción de bebidas alcohólicas es incompatible con el cargo de Gobernador? Los nuevoleoneses no elegimos a Samuel para esta clase de iniciativas —contrarias al bien común, digan lo que digan los borrachos.
Lo anterior, sin contar el simbolismo anti-regiomontano que conlleva regalar y promover la cerveza Corona, del Grupo Modelo, rival de la cervecera local. Heineken emplea a miles de habitantes de Nuevo León, paga chorrocientos millones de impuestos en el Estado y es un emblema histórico de la ciudad, aunque sus accionistas mayoritarios ahora sean de… ¡los Países Bajos!
¿En qué piensa Samuel García cuando toma decisiones? ¿Lo hemos perdido?
ASOMBROSO
Supongo que los asesores del Gobernador creen que la gente es estúpida.
Ignorante, sí, estoy de acuerdo, vivimos entre ocupaciones y distracciones que nos alejan de información valiosa; pero la capacidad de razonamiento entre la población aún existe, muy disminuida (gracias, Ernesto Chavana), pero allí está.
Ojo: ignorancia no es lo mismo que estupidez.
La gente se da cuenta de la tragedia cotidiana del transporte público y la movilidad urbana. Todos perdemos cientos de horas al año mientras el Gobierno lanza campañas publicitarias diciendo que somos el Estado # 1.
En contra de las leyes de la física y el sentido común, Samuel García prometió que para las fechas del Mundial estrenaríamos al menos un tramo de las nuevas líneas del Metro (“en tiempo y forma”, ¿se acuerdan?). Otra mentira inolvidable.
Eso sí, el Gobernador se la pasó viajando al extranjero para visitar estadios y estrechar lazos comerciales. Pero no eran vacaciones.
Imposible ocultar la debacle de Agua y Drenaje de Monterrey, En poblaciones como García, la sed y el descontento no se arreglan con goles de Suecia y los Países Bajos.
A pesar de la poca atención mediática, se escucha el eco de las desapariciones forzadas que el Gobierno no atiende.
Podría seguir con un rosario de cuestionamientos repetidos en la calle y en las redes sociales, que no se detendrán con cerveza gratis, Fan Fest, Macrofest, el pato Merlín y las stories y lives de Marianis
Dejemos ahí el apunte: no se puede embaucar a la gente todo el tiempo. Gritar los goles de Holanda con una camiseta regalada y beber cerveza Corona no garantiza un caudal de votos zombis para Movimiento Ciudadano.
Además, ganó Marruecos. La justicia divina tronó los dedos para poner en ridículo al Gobernador despilfarrador. ¿Cuánto dinero público habrá tirado a la basura en su afán de promover los colores de su partido? Nadie sabe, porque se niega a informar el costo del Mundial para Nuevo León.
Por otra parte, asombra que Samuel García navegue en el océano de la frivolidad, en modo “party”, mientras sus barcos se incendian. El caso más apremiante, por las repercusiones que podría alcanzar —incluida su destitución— es el juicio político que se pretende entablar en su contra en el Congreso del Estado.
En marzo de 2024, el periódico El Norte reveló un asunto de corrupción que involucraba al Gobernador y su papá (en LA ROCKA compartimos la noticia aquí).
Dos años después, tras una investigación periodística similar, el Congreso local por fin está llamando a cuentas a Samuel García, quien respondió —por escrito— diciendo que sí, es verdad lo que ha publicado El Norte pero no existe delito que perseguir.
¿Cínico o tonto?

Si no existiera otra clase de intereses en juego, de índole política, Samuel incluso podría terminar en la cárcel por este señalamiento de corrupción. Muy difícil que suceda pues, lamentablemente, la regla no escrita dice que los políticos se protegen entre sí, sin importar el partido.
¿Seguiremos sufriendo excesos y caprichos gubernamentales que rayan en la demencia y evidencian falta absoluta de ética?
¿Apoyar a los Países Bajos resultó gol o autogol de Samuel?
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